Posteado por: tierradencuentro | 22 octubre 2011

Padre que todos sean uno (Jn. 17, 1-26)

Nos situamos ante un texto desvelador de la relación entre Jesús y su Padre, es un texto que nos muestra la unidad entre el Padre y el Hijo. Está cargado de una intimidad, proximidad, cercanía,… donde se hace visible, revelador la expresión Abbá, papaíto. Expresiones como “yo y el Padre somos uno” “El Padre está en mí y yo en el Padre”

En este texto parece que Jesús nos muestra los secretos de su corazón.

Habla con una sencillez, una intimidad, una ternura, … En este texto reconocemos a Jesús como el mediador entre Dios y los hombres. No sólo en la eucaristía, es en la plegaria donde Jesús se nos revela como el Camino hacia Dios, “El es el camino, la verdad y la Vida, quien ve a mí ve al Padre”. La vocación sacerdotal de todo bautizado le hace mediador entre Dios y la Humanidad a través de la plegaria, de la oración. Y no una oración cualquiera, sino una oración del corazón, donde uno habla con Dios como si hablara con un amigo/a, donde uno se revela quien es en relación con El que Es.

1. El anhelo de la unidad.

En todo ser humano hay un anhelo de unidad con los otros, con la creación.

Ese anhelo de unidad lo recoge Jesús: Padre, que sean uno, como tú y yo somos uno.

Dios crea en unidad, no es un conglomerado de personas inconexas. esta unidad de creación se manifiesta especialmente en los grupos en los colectivos donde viven el don de la unidad: los primeros discípulos, los grupos que se viven congregados por el Padre en unidad para una tarea,…

La unidad es posible para todos.

 2. Hay diferentes formas de vivir la “unidad”.

Podemos vivir una unidad en la manera de concebir las cosas, en las ideas que tenemos de la realidad, en ideologías,… podemos vivir una unidad a nivel sensible, con gustos parecidos, con necesidades sensibles parecidas, … podemos vivir una unidad en la uniformidad. Nos puede unir el gusto por rezar de la misma manera, el gusto por hacer las cosas de la misma manera, la necesidad de tener un grupo,…. Nos puede unir una unidad por entendernos bien, o por crear un buen ambiente entre nosotros. Nos puede unir el que somos gente muy maja, acogedora, respetuosa,… Nos puede unir el que haya gente que mantiene la unidad con su don, con su carisma, con su talento dado por el Padre… Pero no es la unidad que quiere Jesús para nosotros. La unidad nace de la puesta en pie de cada persona, si no es así, la unidad no será del todos. Hemos de ser realistas, Jesús lo era. Una unidad que emerge desde la solidez, una unidad, construida así, que dura, tiene un sabor a plenitud, es para siempre. Sé que nos es fácil decir esta expresión cuando las relaciones están cargadas de tensiones, frustraciones y demás… pero desde la experiencia de unidad por creación puede brotar este sabor a plenitud.

La unidad no es sentir, pensar u opinar del mismo modo.

 3. La unidad de Jesús

Hay una unidad de creación de fondo que es la que anhela Jesús y la que pide Jesús al Padre. Esa unidad es dada. Es un don. Pero necesita de nuestra colaboración para hacerla visible, para hacerla emerger. Sin esta colaboración de cada ser humano, la unidad permanecerá latente, escondida, a la espera. Aquí viene el lugar que debe de ocupar en la unidad el trabajo personal y comunitario por hacer emerger la unidad de creación. Por eso tiene tanto sentido en nuestra comunidad Tierra de Encuentro la formación personal. No es para ser mejores o más que otros. La formación que nos damos es para hacer emerger la originalidad de cada uno, la creación del Padre en cada uno, el cachito de Dios en el corazón de cada uno. Sólo hay unidad si somos capaces de emerger como personas, como hijos e hijas de Dios. Si no habrá otras “unidades” como he dicho antes.

“Que todos sean uno, com Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos en nosotros sean uno” (3 veces). Este ser uno no se refiere únicamente estar unidos entre nosotros, formando un Cuerpo, sino a ser uno con Dios como él es uno con la Fuente. Esta insisitencia en que participemos en su experiencia y en su naturaleza nos introduce en el misterio de nuestra humanidad, en el Dios en nosotros, Dios con nosotros, Dios-nosotros. El está en nosotros desde siempre. A través de Jesús participamos plenamente de la unidad de Dios con la humanidad. En Jesús todo es de Dios, en él toda su humanidad da espacio a Dios, porque todo El se sabe proveniente de Dios, por eso son uno. Jesús es lo que acontece cuando alguien se sabe de Dios, cuando alguien se abre plenamente a la acción de Dios. Dios es la unidad pues en Dios están todos los seres, ser espacio de Dios significa ser espacio para el otro, cualquier otro, recibir al otro en cada instante como una manifestación de Dios, una teofanía de Dios.

4. El camino de la unidad es el camino del ser

El camino de la unidad es el camino del ser, de la identidad personas, de nuestros lazos, del para qué estamos en esta tierra, de la relación con el Dios de la Vida y de la Unidad.

La unidad nos hace volver la mirada al nosotros, sacarnos de nuestros egocentrismos para, justo desde ahí, volvernos a Dios, al Dios uno y trino a la vez, al Dios de la unidad en la diversidad. Esto es ser hijos: participar del mismo linaje, de una misma identidad en la diferencia. Por esta unidad somos hijos, por esta unidad somos Jesús, por esta unidad somos Dios,… en la diferencia y en la originalidad de quienes somos.

En la unidad que desea Jesús se ve a cada uno en quién es y se viven relaciones de autenticidad. Desde ahí la unidad crece y se va madurando poco a poco. Ver a Dios es verme a mi, ver al otro, ver al otro es ver a Dios, verme a mi es ver a Dios.

Por ello, la unidad no ha de ser algo que se busque, sino una realidad que es en la medida en que cada uno somos y entramos en relación unos con otros en autenticidad y verdad. Jesús no inventó la unidad, la vivió y la pidió para otros. Jesús no se empeñó en conseguir la unidad, sino que la descubrió y la vivió:

1. su identidad de hijo de Dios

2. su relación con el Padre

3. su misión de “estar en la cosas del Padre”, “alcanzar lo que está perdido para devolverlo a su lugar”

4. vivir a Dios como Abbá, papaito.

La unidad nos confronta con la emergencia en cada uno y en el todos del rostro de Dios. A menor unidad, menos visibilidad de Dios, menos ahondamiento en quiénes somos y menos relaciones en verdad y libertad. Cuanto más nos abramos a quienes somos y cuanto más ahondemos en nuestra identidad colectiva, como Tierra de Encuentro, como familia, como un lazo de misión, como colectivo, como Iglesia… mas unidad se nos dará vivir y gustar, seremos testigos de unidad. Por eso la unidad de la que habla Jesús es en la diversidad. La unidad se da en la interrelación de los dones. No existe la unidad si existiera sólo una persona.

La unidad es un fruto de:

1. alcanzar más quien somos, en lo más original de nosotros mismos, en nuestra unicidad… es un trabajo, en humildad y verdad, de reconocer quienes somos en EL.

2. vivir unas relaciones verdaderas, libres, de calidad, auténticas… que reflejen el rostro del Dios “con nosotros”.

¿estamos comprometidos en ello?

¿cuido alcanzar más y más quien soy? ¿me vivo responsable de la creación que se me ha confiado? ¿pongo en juego los talentos, los denarios que se me han confiado, o los escondo por miedo a perderlos, o me los preservo porque me gustan más los de los otros y con ellos tiro para adelante, o no me atrevo a mirarlos por si… y voy de por si …. en por si….?

¿Entro en relación con los otros, con los que Dios ha puesto en mi camino para que la unidad emerja, se haga más visible, refleje el Amor y la misericordia de Dios? ¿vivo el anhelo de la unidad que hay en mi corazón en mis relaciones? ¿Acepto la diversidad de creación que somos y en ella me abro a la unidad, o busco MI unidad con otros centrado en mí?

Jesús se abre al Dios de la Unidad, al Dios creador de la unidad.

Abrámonos también nosotros y acojamos su unidad, para que le podar sentir más y más como el origen y la fuente de la unidad, para que podamos abrirnos a otros compañeros y compañeras de camino, de unidad, para que estemos abiertos al cuestionamientos para crecer en igualdad, en autenticidad, en fraternidad.

Padre, conságranos en la verdad, en la verdad de quienes somos, en la verdad de nuestras relaciones, en la verdad de nuestra unidad, en TU verdad.

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