Posteado por: tierradencuentro | 22 octubre 2011

Unidos a Jesús para dar fruto. (Jn .15, 1-17)

Este texto está unido a los discursos de despedida que Jesús dirige a los comensales de la última cena. Este capitulo es un monólogo en el que Jesús revela a sus discípulos el sentido de su comunión con El y las raíces en que se funda. Utiliza   la imagen de la vid y los sarmientos para expresar esta intercomunicación que se establece entre El y sus seguidores. Se dirige a los que están con El en ese momento tan privilegiado pero su contenido transciende el momento, el lugar y las personas presentes físicamente.

La imagen de la vid es muy utilizada en el AT para expresar la realidad del Pueblo de Israel. En el libro de los Números se cuenta como los exploradores de la Tierra Prometida trajeron un hermoso racimo de uva prendido en un sarmiento (Num. 13,22). Isaías nos transmite una bella descripción de Israel como viña (Is.17, 5-8). También en el NT se utiliza la figura de la viña para simbolizar a Israel aludiendo a que es viña escogida que no da el fruto que se espera de ella.

La imagen de la vid lleva implícita en todos los textos  la idea de dar fruto. Hay sarmientos que se podan para que den más fruto y otros que se cortan porque ya no dan fruto, el texto emplea verbos que lo expresan claramente, elegir, destinar, ir, dar fruto.

El grupo de Jesús es un grupo fértil, destinado a dar muchos frutos. “La gloria de mi Padre está en que deis muchos frutos, y seáis mis discípulos” une ser discípulo con dar fruto.

¿A qué frutos se refiere Juan?  No nos da un catálogo de frutos ni hace una lista de buenas obras. La expresión dar fruto aquí comprende toda la actividad interior y exterior del discípulo. El fruto está en permanecer unido al maestro como el sarmiento a la vid. Así  este texto rompe los conceptos clásicos de relación entre un maestro y su discípulo. La unión del sarmiento con la vid no es una mera intercomunicación de amistad; quiere expresa la dimensión de comunión existencial que Jesús vive con el Padre para que los discípulos comprendan  la de ellos mismos con Jesús y que “fuera de mi no podéis hacer nada” seremos sarmientos secos destinados al fuego si no permanecemos unidos a El.

Con estas claves vamos a leer el texto. Escuchando más allá de las palabras los sentimientos de Jesús. Hoy somos sus comensales,  elegidos como amigos y nos abre el corazón. Nos llama a ser sus discípulos.

La vid y los sarmientos como expresión de la unión con Jesús. Jn. 15,1-8

Este pasaje nos pone de relieve quién es Jesús, quién es la persona del Padre. La relación entre Jesús y el Padre, los frutos de esta relación y el sentido del grupo de Jesús.

Jesús es la vid, los discípulos los sarmientos y el Padre es el viñador.

El Padre es el viñador que al igual que en el AT cuidaba de su viña que era el Pueblo de Israel ahora lo hace con el nuevo pueblo  que son los seguidores de Jesús. Se pone de relieve su acción como viñador. No refleja ser un viñador propietario de su viña que exige a los arrendatarios la cosecha puntual. Es un viñador cercano, cuidadoso, preocupado  por su viña para que dé más fruto, conocedor  de cada sarmiento y deseoso de que dé su fruto. Es el reflejo del amor cuidadoso del Padre por cada uno de nosotros, por el crecimiento de cada sarmiento, por la poda necesaria para que seamos más fecundos. Sólo en esta mirada amorosa del viñador nos podemos preguntar por las podas que hoy necesita nuestra vida y por las ramas estériles que hay en nosotros para cortarlas.

Nos podemos reconocer sarmientos que sólo unidos a la vid que es Jesús recibimos la savia nueva que nos da vida verdadera. La vinculación a Jesús nos ofrece la garantía necesaria y la estabilidad que necesitamos para afrontar nuestras podas y poder cortar las ramas secas con las que aún cargamos. El Padre tiene verdadero interés en que demos fruto y para ello nos cuida con esmero.

¿Qué significa la poda y qué requiere de nosotros? Nos puede servir de referencia un testo muy próximo a este (Jn.12, 24) “Si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto”

La fecundidad está en relación directa con la muerte según estas palabras de Jesús. El grano de trigo no es fecundo de la noche a la mañana; pasa un proceso de transformación importante y difícil de vivir. También la poda es un proceso de transformación que conlleva riesgo y dificultad.

¿De dónde recibe el sarmiento la fuerza para permanecer y afrontar este proceso de transformación?

El versículo cuatro está cargado de intensidad. “Permaneced en mi como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, sino permanece en la vid; así tampoco vosotros sino permanecéis en mí”

El verbo permanecer es uno de los preferidos de Juan y equivale a una cierta inhabitación en Jesús y de Jesús en nosotros. La persona de Jesús y la del discípulo se entrelazan vitalmente. Dar fruto es sinónimo de ser en Jesús y de que Jesús es en nosotros. Los frutos son derivación de esta relación.

La figura del sarmiento que se corta porque no da fruto es una forma sencilla de decir que al margen de la relación con Jesús el hombre se aleja de su verdadero sentido como los sarmientos secos se alejan del fruto que están llamados a ser y no sirven si no para hacer fuego con ellos.

La gloria del viñador está en que los sarmientos lleguen a dar mucho fruto, es decir que los seguidores de Jesús lleguemos a ser sus discípulos y desde ahí demos el fruto abundante. Ser discípulo se une, una vez más a dar fruto. Ya sabemos que el fruto del sarmiento es el mismo que el de la vid. El fruto de Jesús es el mandamiento nuevo del amor, es su fruto más original porque es el amor gratuito del Padre el que se nos revela y se nos da en él.  “la gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos” ser discípulo se refleja como un proceso a vivir, un proceso indefinido hacia la meta del mandamiento nuevo del amor. El discípulo no “es” llega ser discípulo después de un proceso de transformación con tiempos de podas y otros de cortar las ramas secas, tiempos dedicados a enderezar el crecimiento incipiente del sarmiento…cada uno sabemos qué añadir  a este proceso personal de seguimiento de Jesús.

 El discípulo, expresión de Jesús (Jn.15, 9-17)

 Estos versículos ponen de manifiesto que los discípulos de Jesús somos amados por él como él es amado por el Padre. Jesús tiene con nosotros la misma actitud que el Padre tiene con él. Nos llama vivir en comunión con él, a permanecer unidos como él vive unido al Padre. Nos invita a guardar sus mandamientos como él guarda los mandamientos del Padre; estos mandamientos los identifica con su mandamiento nuevo que se resumen en el amor a los hermanos. Amarnos unos a otros con la misma fuerza de amor con que somos amados por Jesús.

¿Conocemos vitalmente este amor? Porque sólo si lo experimentamos en nosotros nos podemos referir a él.

Mi mandamiento y el mandamiento nuevo del amor de Jn. 13, que vimos el día pasado son sinónimos. Su amor fue un amor hasta el extremo. Somos invitados a vivirlo así mismo, amarnos como él nos amó.

Fruto de este amor es la alegría plena. “Para que mi gozo esté con vosotros” porque sólo en esta calidad de amor el hombre alcanza la alegría plena. Es el gozo que debe caracterizar a los discípulos de Jesús, a nosotros. Fruto de sentirnos amados.

En este ambiente intimo y fraterno de la última cena, Jesús les llama amigos. Dice muy claro “no me habéis elegido vosotros a mi, sino que yo os he elegido a vosotros para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca” Además de hijos nos hace amigos.

¿Reconocemos y vivimos esta amistad con Dios? Nos llama amigos porque nos abre su intimidad. Jesús no se ha guardado nada para él. “Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” el verbo oír aquí tiene un significado especial porque se refiere al hombre Jesús tomado totalmente por la experiencia de relación con el Padre. Todo lo hace desde la mirada vuelta al Padre para realizar sus deseos.  Nos hace participes de todo lo que recibe del Padre. El que conoce los secretos del Padre es el hijo pero indudablemente además de hijo es amigo. Nuevamente aquí, en esta intimidad comunicada de Jesús a sus discípulos aparece  los frutos. Frutos que se derivan de la permanencia; de permanecer unidos a Jesús y de que Jesús permanece unido a nosotros. Los frutos propios del sarmiento que permanece unido a la vid.

Podemos volver a leer despacio el texto completo señalando cuales son los frutos que van apareciendo porque son los que nosotros estamos llamados a dar unidos a Jesús. Leer el texto reconociendo e interrogándonos sobre:

¿Qué frutos da vivir el mandamiento nuevo del amor, la relación de amistad con Jesús, la fraternidad, el abrir nuestra intimidad, el comunicarnos en verdad desde  quienes somos…? 

 En esta situación de intimidad, de amistad, de amor hasta el extremo que Jesús vivía en la última cena,  nos recuerda que todo lo que pidamos al Padre, él nos lo concederá. En este contexto de relación  con Jesús siempre seremos escuchados.

La vid y los sarmientos son la misma cosa, poseen la misma “genética”: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Lo que hace que la vid y los sarmientos sean la misma cosa es la savia: JUNTOS DAMOS FRUTO. Aquí está la “potencialidad” de vivir lo mismo que Jesús vivió, la invitación constante de Jesús, una y otra vez.

Vuelve a la insistencia del amor mutuo. Es el único fruto, el fruto original de los que estamos llamados a vivir unidos a Jesús como el sarmiento a la vid. Estos versículos son el mejor comentario al mandamiento nuevo del capitulo 13.

 

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