Comunidad Tierra de Encuentro

Bienvenido a tu Tierra, una tierra para el encuentro


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Bienvenidos a este encuentro donde disfrutar de la Palabra y la oración compartida. Este año nos hemos atrevido a soñar, con la posibilidad de ir dando pasos, para seguir desvelando y viviendo la imagen y semejanza de Dios que somos, para ello nos servimos de la Palabra y la oración juntos, porque nos ayuda a fijarnos en Jesús; en su vida enriquecida a base de experiencias, que nos enseñan a nosotros, cómo vivir convertidos en hijos amados de Dios, que escuchan su palabra y viven su voluntad.

oracion

Hoy nos detenemos para mirar a Jesús, mostrándonos la importancia de buscar la soledad y orar a través del silencio que nos permite entrar en lo desconocido al alcanzar lo profundo.

La experiencia de soledad y silencio de Jesús nos enseña a conectarnos con nuestra verdadera esencia, con ese lugar en nuestro interior amplio y generoso, donde encontrarnos con la Presencia amorosa de Dios que ilumina y transforma nuestra vida.

Quizás esta es la experiencia que hace posible todas las experiencias, porque la soledad buscada, que nos permite aquietarnos y silenciarnos, favorece la entrada en lo más íntimo y a la vez lo más desconocido de nuestra humanidad, favorece la entrada en el misterio de Dios en nosotros, de Dios con nosotros.

Padre

Empezamos cantando Desde el silencio Ixcis.  y atentos a la canción permitimos que nuestra mente se vaya silenciando y nuestras emociones apaciguando, nos abandonamos a ese silencio que nos ayuda a recuperar la paz, a ese silencio donde soñar y volar, nos abandonamos a ese silencio en el que todo es posible.

 

Tomamos conciencia de la importancia de prepararnos sin prisas, para que la quietud de nuestro cuerpo y el silencio exterior nos vayan introduciendo en lo Profundo. Ponemos la atención en el ritmo acompasado de nuestra respiración, atentos a este ritmo espiritual de recibir para dar y dar para recibir, se nos irá mostrando el camino interior, que nos permite mirar más allá, de la inmediatez de nuestras cosas.

Tomamos conciencia de lo importante que es frecuentar lo profundo, para no olvidar el sentido de la vida, para no olvidar de que estamos hechos, para dejar de resbalar constantemente en la superficialidad de lo que somos,  porque vivir en la superficialidad nos acaba convirtiendo en seres tristes, y sin sueños. Tomamos conciencia para atrevernos a frecuentar lo profundo y a dejarnos sorprender por lo que podemos descubrir.

Leemos Mt 6,6

 Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto cierra la puerta y ora en secreto a tu Padre. Y tu Padre que ve lo que haces en lo secreto, te dará tu recompensa.

Jesús y sus discípulos pertenecían a un pueblo acostumbrado a orar. Sin embargo, en tiempos de Jesús la oración, en muchos casos se había convertido en una fórmula dirigida a un Dios lejano, exigente y alejado de los problemas cotidianos de la gente. Así vemos en el versículo anterior a este como les previene de utilizar la oración para tener buena fama y ser reconocidos como gente piadosa, pero sin preocuparse de una actitud auténtica de sinceridad ante Dios. Y justo después les dice que en la oración no es necesario utilizar muchas palabras, porque Dios sabe lo que necesitamos antes de haberlo pedido. Jesús desenmascara estas formas de oración porque se apoyan en una idea falsa de Dios y nos previene para tomar conciencia de cuál es la imagen que tenemos de Dios y cuál es la razón principal por la que hacemos las cosas.

Jesús supera el formalismo de la oración judía que consiste principalmente en recitar oraciones de memoria y en hebreo y se dirige a Dios con palabras sencillas, en la lengua que hablan normalmente, el arameo.

Para él la oración es algo íntimo, natural y sencillo, sin fórmulas complicadas, incluye la oración en la vida cotidiana y nos enseña que lo único que necesitamos es entrar en lo profundo y dejarnos llevar por el corazón. La oración para Jesús es un encuentro de intimidad con Dios al que se dirige llamándolo Padre. Esto fue una verdadera revolución en una sociedad acostumbrada a rezar de memoria y en una lengua que no era la que utilizaban en la vida diaria, a un Dios lejano y exigente, Jesús propone orar para encontrarse  en lo más profundo de cada ser humano con un Dios al que llama Abba.

Los cuatro evangelios nos muestran a Jesús orando con frecuencia, sabe lo importante que es dedicar tiempo para entrar en relación con Dios y por eso convierte la oración en una prioridad en su vida, aún cuando estaba muy ocupado, especialmente cuando estaba muy ocupado, se reservaba un tiempo especial, en el que en contacto directo con el Padre respiraba y recuperaba las fuerzas para volver a la vida cotidiana y seguir realizando su misión de la mejor manera, siendo fiel al sueño de Dios, vemos esto de manera clara en Mc 1,35.

Los evangelios nos muestra a Jesús orando en los momentos decisivos de su vida:

– En el bautismo, mientras está en oración desciende el Espíritu y escucha; “Tu eres mi hijo amado“.

Cuando más fama tenía y la gente se juntaba para oírle y para que les sanase, se retira a orar a lugares apartados.

Cuando tiene que tomar una decisión importante, como es la elección de los doce, Jesús pasa la noche orando.

– Después de orar en soledad, pregunta a sus discípulos; quién creen que es Él.

– Estando Jesús orando en el monte Tabor tiene lugar la Transfiguración.

– Antes de enseñar el Padrenuestro a sus discípulos, Jesús está orando.

– Ora durante su agonía en Getsemaní.

La oración constante y en silencio, le permitía recibir del Padre el amor que necesitaba para continuar siendo su voluntad, especialmente en medio de las dificultades.

Los discípulos ven la importancia que la oración tenía en la vida de Jesús, y le piden que les enseñe a orar como lo hace Él, y les enseña que lo importante es que la oración sea siempre un encuentro sencillo, sincero, íntimo y profundo con Dios, solo así la oración produce buenos frutos.

En Jesús todo pasa por su humanidad, no se salta nada, por ello es el modelo en el que mirarnos, porque tal y como Jesús vivió, estamos llamados a vivir nosotros. Él nos abrió las puertas a una vida plena y con sentido, nos enseñó que somos hijos amados de Dios y que podemos disfrutar de ese amor en cada momento. Pero en la superficialidad de la vida no se puede vivir la experiencia de sentirnos amados, acogidos y sostenidos, para experimentar esto, es necesario apartarse con frecuencia, del ruido exterior e interior al que estamos acostumbrados y entrar, desde la quietud y el silencio, en nuestro corazón profundo, porque es allí donde es posible descubrir el Amor y la acogida de Dios, solo el que se siente amado y acogido está capacitado para vivir la Buena Vida, que Dios quiere para nosotros y con nosotros, que vivamos esa Vida es su voluntad.

Orar desde el silencio de lo profundo, nos ayuda a tomar distancia y percibir las cosas que nos suceden desde su fondo, y no desde la inmediatez que nos lleva a la reacción.

Orar desde el silencio de lo profundo, facilita un cambio en la mirada, en la escucha, en la sensibilidad y en la mente y posibilita vivir la realidad desde su verdadero sentido y actuar desde la fuerza y la luz que se recibe.

Orar desde el silencio de lo profundo, nos permite alcanzar la silenciosa lucidez que nos hace receptivos a la Presencia de Dios y esto produce buenos frutos en nuestra vida cotidiana.

Jesús frecuentaba el silencio de lo profundo y eso hacía que su vida fuera una constante entrega libremente y sin esfuerzo.

Podemos preguntarnos;

¿Cómo orar para que nuestra vida se transforme?

Volvemos a recordar el versículo del evangelio de Mateo, que hoy nos ocupa, y el siguiente; Jesús nos dice cómo orar; no hay que hablar mucho, sino entrar en la profundidad del corazón y ensanchar ese lugar, para que la Presencia de Dios que nos espera en lo profundo puede derramarse en nosotros, solo así nuestra vida puede transformarse.

Cuanto más profunda y serena es la oración, más fácil es percibir esa Presencia que se derrama en nosotros y nos llena de paz y de vida, una paz y una vida, que a su vez ofrecemos en nuestro entorno.

Pero para frecuentar la soledad silenciosa que nos hace entrar en lo desconocido, es necesario primero, tomar conciencia de lo importante que esto es y además hace falta una determinada determinación, como decía Santa Teresa, aquí entra en juego nuestra voluntad y nuestra libertad, sin esa determinada determinación, siempre encontraremos algo que hacer antes de entrar en nuestro cuarto cerrar la puerta y orar en lo secreto.

Dice Javier Melloni: “percibimos la profundidad de lo exterior en función del espacio que habitamos en nuestro interior, porque no vemos la realidad tal como es, sino tal como somos…cuanto más plena es la unión con Dios, más plena es la unión con todo lo demás”

Por lo tanto cuanto más frecuentamos la oración en silencio, más profundo conseguiremos entrar y cuanto más profundo entremos, más profundidad percibiremos en nuestra realidad,  y esto hace que la vida sea más fácil, aún en la dificultad.

ORACIÓN

Con esta reflexión de Melloni de fondo, tomamos conciencia de lo importante que es frecuentar nuestro interior, para vivir con la alegría y la paz del corazón, que solo la Presencia de Dios en nuestra vida nos puede dar.

Vamos a regalarnos un rato largo para hacer la experiencia a través del silencio, de entrar en lo desconocido. Sabiendo que a veces no es fácil, pedimos ayuda a Jesús para que nos facilite el camino, para descubrirle en el silencio de lo profundo y poder ver las cosas como Él las ve.

Cantamos:

“Ayúdame a mirar con amor a descubrirte en el silencio, Ayúdame a mirar con amor a ver las cosas como tu las ves”

Escucha en el silencio el ritmo de tu respiración, ese ritmo en el que la vida se concentra, se nutre, se renueva… Haz que la respiración ocupe toda tu atención y permite que el resto de los pensamientos nazcan y mueran solos, sin que tú, te involucres en ello…

Al ritmo de tu respiración siente como vas bajando de nivel…,  imagina que encuentras un centro…, un lugar en tu interior…,  un lugar de silencio…, un lugar lleno de Presencia que te hace sentirte en paz… un lugar lleno de Vida, que hace posible percibir la profundidad en todo y vivir con amor.

25´silencio

Compartimos la oración y acabamos rezando o cantando el Padrenuestro.

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